santander

LA MUSICA, ESCENARIO Y TERRITORIO DE PAZ

Por: Laura Roa
Voluntaria Socia Básica
ACJ-YMCA Santander

Los acordes de la guitarra suenan mientras veo desfilar y saltar alegremente en la partitura las diferentes notas que acompañarán una vez más, la clase de música de un día cualquiera. Me detengo un momento en la lectura y observo a mis estudiantes; allí están con sus esperanzas a cuestas, con sus morrales de ilusiones, con sus carpetas que no sólo contienen partituras o letras de canciones, pues también la llenan de sueños e ideales, de apuestas por un futuro en el que quizás puedan ser grandes compositores, músicos consagrados, profesores, médicos, ingenieros…
Me saludan con sus caras sonrientes o expectantes que quizás esconden situaciones de agobio, de un entorno familiar difícil o triste del que logran desprenderse mientras se dejan llevar por la música, por la letra de las canciones, por las voces que parecen unir a chicos y chicas en torno a una idea: La música como escenario de paz y tolerancia.

Como aquel personaje de la mitología Griega, el músico Orfeo, que cuando tocaba su lira, podía hacer descansar las almas de los seres humanos, mover árboles y rocas, detener el curso de los ríos, incluso, desafiar a la propia muerte para recuperar a su amada esposa Eurídice; siento que en este escenario real y actual, y realizando una analogía o metáfora respecto a lo que podría lograr el músico Orfeo con su lira y con su música, desde la YMCA trabajamos para transformar situaciones conflictivas a través del aprendizaje de la misma.

Es esta la razón que lleva a generar en los niños y jóvenes que asisten a los cursos, valores como el respeto, la autoestima, la tolerancia, la disciplina y la solidaridad, a la par de un concepto filosófico tan importante y bello, como lo es la Alteridad, ese reconocimiento de los/as otros/as como interlocutores válidos, esa voluntad de entendimiento que fomenta el diálogo y propicia las relaciones pacíficas.

Podría decir que para mí, el aprendizaje ha sido tanto o más significativo durante estos cinco años porque al estar trabajando con estos niños, niñas y jóvenes, siento que tengo una gran responsabilidad no sólo por el proceso formativo y pedagógico que debo dirigir, sino por las características que a veces hacen parte de la cotidianidad en la que viven mis estudiantes, particularidades que hacen que mi trabajo se nutra de diversidad y de nuevas perspectivas para entender lo que pasa con cada uno de ellos, la visión que tienen sobre la vida misma y por supuesto, el valioso aporte que realizan a mi propio proceso formativo en el campo de la música.

Los día transcurren en el calendario y se van haciendo evidentes los cambios en todos esos chicos y chicas que llegan, a veces con timidez o con ciertas inseguridades, la clase se convierte en un escenario lúdico y pedagógico que les permite explorar aptitudes para la música y el canto y los lleva a creer más en ellos mismos, en sus capacidades y habilidades.

Paso a paso, construyendo este camino que realizo con amor, dedicación y compromiso es la apuesta que hacemos como Movimiento quienes creemos que desde la música y las diversas manifestaciones artísticas es posible transformar la sociedad y enseñar a las nuevas generaciones una vía de reconciliación, tolerancia y paz.

No podría terminar este escrito de una mejor manera, sino con las palabras y el sentimiento expresado por uno de mis estudiantes, son sus palabras y las de otros niños, las que finalmente me hacen sonreír a pesar del cansancio físico y de las dificultades que trae consigo la cotidianidad del mundo laboral:

“Gracias Lala, por hacer de mi lo que soy hoy en día, por cambiar mi manera de pensar y de ser. Por enseñarme que no importa cuántos elefantes hay en la telaraña, siempre resistirá y también, que no hay que ser el primero, pero que hay que saber llegar porque detrás de cada acorde, hay una y mil historias para contar. Como persona he visto mi cambio desde que llegué a la YMCA y nuevamente, gracias por cada consejo tuyo”