TEMA 1. SIMPLEMENTE HUMANOS
Objetivo: Reconocer en nuestra
condición de seres humanos, nuestra responsabilidad
en la historia de la salvación.
El hombre fue creado
a imagen y semejanza divina
El misterio de la creación
puede descubrirse desde el punto de vista de la ciencia
o desde la Biblia, la ciencia describe la cercanía
del hombre al animal; la Biblia describe la cercanía
del hombre a Dios . Ya la ciencia se ha encargado
de describir numerosas y muy completas teorías
al respecto, en las cuales no nos detendremos, por
estar dedicadas a la ciencia humana; sin embargo,
recordaremos la teoría divina respecto al mismo
tema, para encontrar en la Palabra la enseñanza
de la salvación.
Entonces dijo: “Ahora hagamos
al hombre. Se parecerá a nosotros, y tendrá
poder sobre los peces, las aves, los animales domésticos
y los salvajes, y sobre los que se arrastran por el
suelo.
Cuando Dios creó al hombre, lo creó parecido
a Dios mismo; hombre y mujer los creó y les dio su
bendición: “Tengan muchos, muchos hijos; llenen
el mundo y gobiérnenlo; dominen a los peces y a las
aves, y a todos los animales.
Después les dijo: “Miren, a ustedes les doy
todas las plantas de la tierra que producen semilla, y todos
los árboles que dan fruto. Todo esto les servirá
de alimento. Pero los animales salvajes, a los que se arrastran
por el suelo y a las aves, les doy la hierba como alimento.
Así fue, y Dios vio que todo lo que había
hecho estaba muy bien. De este modo se completó el
sexto día.
Génesis 1, 26 – 31
Dios no quiere ser Dios sin el hombre,
por eso al crearlos lo hizo a su imagen y semejanza,
El había planeado una vida de alegrías,
de abundancia, de prosperidad, de paz y tranquilidad
para el género humano, pero el pecado (el darle
la espalda a sus enseñanzas y mandatos), nos
apartaron de ese destino divino.
Sea quien yo sea, sean cualesquiera
mis inclinaciones, sea cualquiera mi aspecto, soy
la imagen de Dios. Y aquel a quien Dios crea es bello.
Soy único e inconfundible, incomparable y singular;
insustituible, ante Dios. No seré recién
“alguien” una vez que haya realizado o
producido “algo”, ni seré recién
“alguien” cuando tenga “algo”
o lo haya hecho producir. Soy “alguien”
independientemente de lo que pueda ser ante los ojos
de los hombres. Soy siempre la imagen de Dios, su
interlocutor . Y porque que soy la imagen de Dios,
no necesito imaginar o escuchar de otros que soy “alguien”,
y Dios no va a dejar de esperar y destinar una vida
de alegrías y triunfos para mi.
El deseo de Dios sigue siendo el
mismo para la humanidad, la historia de la salvación
fue escrita para nosotros, los grandes hombres y mujeres
escogidos por Dios como sus mensajeros, como sus profetas,
como un testimonio de su poder, confirman que Dios
sigue esperando un futuro maravilloso para cada una
y cada uno de nosotros. Y su amor hacia el genero
humano es tan infinitamente grande que aun a pesar
de su voluntad, nos permite a hombres y mujeres decidir
que tipo de vida queremos llevar y que destino vamos
a tener.
Ser hombre en la
sociedad actual.
La estructura actual de la sociedad
está dada por el “derecho natural”,
por lo que el respeto mutuo, la tolerancia y la solidaridad
se convierten en un componente esencial que nos iguala
a nuestros semejantes, porque después de una
evolución de cientos de años finalmente
hemos comprendido que nos conviene vivir en comunidad,
para alcanzar a través de la colaboración,
las metas comunes y nuestro propio bienestar. Este
derecho natural no hace referencia a las leyes comúnmente
conocidas sino a la evolución de la conciencia
moral.
Los cristianos identificamos esta conciencia
moral y esta trascendencia como una relación armoniosa
de todas las leyes naturales y espirituales que se manifiestan
en todo lo creado como una Conciencia Divina que inspira
nuestras vidas y nuestras acciones. El ser humano, al comprender
su propia trascendencia, recibe la Revelación, a
través de las enseñanzas de Jesús,
en su ser interno. Esa es nuestra conciencia: una fuerza
interna que nos señala el camino a seguir por nuestra
vida para cumplir con la misión que nos da razón
de ser y para la que hemos nacido .
Es por esto que para introducirnos en el misterio
de la Palabra, que nos permitirá conocer de
una manera más profunda el mensaje salvífico
de Cristo, debemos partir del reconocimiento de la
naturaleza propia y originaria del hombre a la naturaleza
de la persona humana, que es la persona misma en la
unidad de alma y cuerpo; en la unidad de sus inclinaciones
de orden espiritual y biológico, así
como de todas las demás características
específicas, necesarias para alcanzar su fin.
Esta dignidad que tiene su origen en Dios creador,
se basa en la espiritualidad que es propia del alma,
pero se extiende también a su corporeidad,
que es uno de sus componentes esenciales.
También se debe reflexionar
sobre la ley moral natural y sobre el derecho natural,
con el deseo de que brote de ella un nuevo y fuerte
impulso de instauración del verdadero bien
del hombre y de un orden social y pacífico.
Volviendo siempre a las raíces profundas de
la dignidad humana y de su verdadero bien, basándose
en lo que existe de imperecedero y esencial en el
hombre, se puede entablar un diálogo fecundo
con los hombres de cada cultura, con vistas a una
sociedad inspirada en los valores de la justicia y
la fraternidad .
Aplicación:
Se sugiere desarrollar el tema bajo las siguientes
etapas: |