
Temas
TEMA
1. Simplemente humanos
TEMA 2. Un Cristo a la medida
TEMA 3. Razones para seguir
a Cristo
TEMA 4. Ser humanos en la oración
TEMA 5. Tú debes ser
el mensajero de Jesús |
| Fase
III: NUESTRO FUNDAMENTO - MISION |
TEMA 3. RAZONES PARA SEGUIR A CRISTO
Objetivo:
Identificar en la Palabra las
causas que nos animan a seguir a Cristo y a vivir
de acuerdo a nuestra fe.
Señor, ésta
es tu Palabra
A través de la Biblia conocemos
más a cerca de la persona y obra de Jesucristo
(Juan 5.39). La Biblia es el registro de la revelación
de Dios al mundo. Este relato fue escrito por hombres
escogidos por Dios, e inspirados por su Espíritu
Santo de tal manera que el historial está libre
de error y de los razonamientos humanos. (2 Pedro
1.21).
La vida cristiana se fundamenta en
Cristo y sus enseñanzas, contenidas en los
Evangelios (Buena nueva, mensaje de alegría);
esto nos quiere decir que conocer la Palabra de Dios
debe ser para nosotros un motivo de alegría.
He aquí diez sugerencias para leer la Biblia
:
1. Antes de comenzar a leer la Biblia,
ora por la sabiduría para comprender su mensaje.
2. Léela regularmente y en un tiempo determinado,
hasta hacerlo un hábito de vida.
3. Sigue un plan de lectura, que permita abarcar de
manera completa el contenido.
4. Anota el glosario de los términos que no
sean de fácil comprensión.
5. Medita los pasajes bíblicos, de manera que
haya no solo comprensión sino también
interiorización.
6. Subraya con colores los textos que son significativos
para ti.
7. Anota en un cuaderno los pensamientos que el Señor
te inspire durante la lectura.
8. Anota un resumen de las experiencias del día
con algún pasaje de la Biblia con el que las
identifiques.
9. Aprende de memoria los versos que son de gran importancia
para ti.
10. Reúnete con otros a estudiar el contenido
de la Palabra.
La Biblia es un libro que no puede
ser leído solamente, debe ponerse en obras.
Como lo dijo, Reinhold Schneider: No es un libro,
es una fuerza vital. Es imposible comprender una sola
línea, sin la decisión de realizarla.
El testimonio de
los primeros cristianos
Después de la crucifixión
de Jesús, sus discípulos quedaron devastados,
sin orientación, sin un líder; a Jesús
lo traicionaron y lo negaron para no morir. Pero con
la resurrección, al encontrarse con Él
cara a cara, cambiaron de una manera radical; ahora
estaban dispuestos a morir si era necesario por contar
la historia de Jesús al mundo.
Muchos de los que decidieron seguir
a Jesús fueron encarcelados, torturados, asesinados,
se convirtieron en mártires. Algunos que no
creían en Jesús, tuvieron experiencias
renovadoras que los alentaron a darlo todo por la
causa de Jesús. El mayor perseguidor: Saulo
de Tarso, en camino hacia Damasco sostuvo un encuentro
con el Salvador, (Hechos 9, 1 – 19), y desde
entonces se convirtió en el mayor defensor
del evangelio y experimento toda clase de ofensas
(incluida la muerte) por el amor inmenso que sentía
por su Señor.
El gobernador romano Plinio Segundo,
en sus epístolas escribió que los cristianos
eran personas que amaban la verdad a cualquier costo
y se maravillaba de las firmes convicciones de ellos:
“no hacer malas obras, no cometer fraude ni
robo, ni adulterio, nunca falsificar sus palabras,
no negar su fe aun cuando les podía causar
la muerte”, todo esto iluminados por el testimonio,
la bondad, el amor y la verdad de Cristo.
El amor de Cristo impulsa a los cristianos
a enfrentar la persecución y la muerte, a trabajar
para hacer de este mundo un lugar mejor, convierten
cada una de sus acciones en una expresión del
amor de Dios. (Ver Marcos 12, 28 – 33).
Tu
testimonio, ¿anima a otros a seguir a Cristo?
Jesús es el centro y síntesis
de la fe cristiana. La persona de Jesús, con
toda la riqueza de su modo de ser, tan cercano a los
problemas de los demás, tan respetuoso y amoroso
con los débiles y necesitados, esa persona
es el modelo que debe dirigir nuestras relaciones.
La Biblia nos anima a seguir las
enseñanzas de Jesús y a hacer de nuestra
vida un testimonio de ese mensaje, a ministrar nuestra
vida para Cristo. Dios nos ha dado enormes bendiciones:
nuestro tiempo, nuestras habilidades y talentos, nuestro
éxito, y todas estas bendiciones deben ser
puestas al servicio a nuestros hermanos y al anuncio
de la Palabra. Entonces, ¿Cuál es el
sueño mas grande que has tenido para el ministerio
de tu vida?, es tiempo de realizarlo.
Si eres un discípulo de Cristo,
tu vida debe ser un ejemplo que anime a otros a seguir
su camino, así como otros lo han hecho contigo,
¿Qué persona es la que mas te inspira
para ser y hacer mas para Dios? ¿Qué
aspecto de su ejemplo es el que te causa esa impresión?
¿Tú testimonio inspira a otros a seguir
a Cristo? ¿De que forma?, piensa en ello y
anímate a ser un verdadero apóstol de
Jesús.
El camino que Cristo
promueve en mi vida
En el Sermón del monte (Lucas
6, 20 – 26), se dan instrucciones acerca de
la justicia ajustada a todos los que entran en el
reino de los cielos. Jesús dejó claro
quienes tienen entrada en el Reino de los cielos:
todos aquellos que cumplen su voluntad, y ésta
es:
Amar a los enemigos. Es
muy fácil amar a los que nos son cercanos,
a los que nos aman, aceptar a quienes están
de acuerdo con nosotros, a quienes se nos parecen.
Pero Jesús va siempre más allá,
Él no se conforma con las migajas, Él
espera grandes cosas de nosotros y nos dice: Amen
a sus enemigos, hagan bien a quienes los aborrecen;
bendigan a los que los maldicen, y oren a los que
los calumnian (Lucas 6, 27 – 28). Amen, pues,
a sus enemigos y hagan el bien, presten no esperando
de ello nada; y su premio será grande, y serán
hijos del Altísimo; porque Él es benigno
para con los ingratos y malos. Sean pues, misericordiosos,
como también es su Padre misericordioso (Lucas
6, 35 – 36).
Escuchar y aplicar. Escuchar
y poner en práctica es la manera de vivir el
Evangelio, de construir el Reino de los cielos: Por
esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto
para oír, tardo para hablar, tardo para airarse;
porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios.
Por lo cual desechando toda inmundicia y abundancia
de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada,
la cual puede salvar sus almas. Pero sean hacedores
de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándose
a ustedes mismos. Mas el que admira atentamente en
la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en
ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de
la obra, éste será bienaventurado en
lo que hace. (Santiago 1, 19 – 22 y 25).
Mostrar misericordia y caridad.
Está de tal manera inscrito en la naturaleza
humana que muchos de los “justos” de la
Biblia expresaban su reprobación por los “pecadores”
que no observan la ley de Dios. La nueva ley en cambio
nos dice que no nos creamos superiores o nos hagamos
jueces de los que van –o que Dios lleva- por
caminos distintos al nuestro. A menudo juzgamos y
condenamos a otros con el sólo fin de juzgarnos
buenos a nosotros. Jesús nos revela la unidad
profunda de todo y todos en Dios . Jesús enseñó:
No juzgues para que no seas juzgado. Porque con el
juicio con que juzgues, serás juzgado y con
la medida con que midas, serás medido. (Mateo
7, 1 – 2). No juzguen a otros, y Dios no los
juzgará a ustedes; no condenen a otros, y Dios
no los condenará a ustedes; perdonen, y dios
los perdonará. Den a otros, y Dios les dará
a ustedes. Les dará en su bolsa una medida
buena, apretada, sacudida y repleta. Dios los medirá
a ustedes con la misma medida con que ustedes midan
a otros. (Lucas 6, 37 – 38).
Dar buen fruto. Jesús
nos invita a ver los hechos y después sacar
conclusiones, sin juzgar. A dar testimonio de la palabra
con las obras que hacemos, con nuestra vida. A nosotros
nos gusta defender nuestras ideas y analizar las situaciones
concretas; a Jesús en cambio educado en el
trabajo manual, desconfía de las teorías
y los discursos. Por los frutos los conocerán
¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos
de los abrojos? Así, todo buen árbol
da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos
malos. No puede el buen árbol dar malos frutos,
ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol
que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego.
Así que, por sus frutos los conocerán.
(Mateo 7, 16 – 20).
Tener fe y confiar. Jesús
nos invita a pedir con perseverancia. Confiar en el
poder y bondad de Dios es el sentido fundamental de
la fe, es lo que hace que uno busque la ayuda de Jesús,
superando todo obstáculo que impida a uno llegar
donde Jesús. El mismo lo enseñó
a sus discípulos: Si tuvieras fe como un grano
de mostaza, dirías a este monte: pásate
de aquí a allá, y se pasará,
y nada te será imposible. (Mateo 17, 20b).
Comprender el mensaje del evangelio.
Ser buenos entendedores del mensaje de Jesús,
sabiendo entenderlo benignamente y sabiendo trasmitirlo
a otros, para la gloria de Dios. Jesús les
dijo: ¿Han entendido todas estas cosas? Ellos
respondieron: Si, Señor. El les dijo: Por eso
todo escriba docto en el Reino de los cielos es semejante
a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas
nuevas y cosas viejas. (Mateo 13, 51 – 52).
Saber pedir. Dios tiene
enormes bendiciones para nosotros, para pedirle al
padre basta con orar por su bendición para
poder servirle mejor y ser una bendición para
otros. Pide y se te dará, busca y encontrarás;
llama y se te abrirá. Porque todo aquel que
pide, recibe; y el que busca, encuentra; y el que
llama se le abre. (Mateo 7, 7 – 8).
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