
Temas
TEMA
1. Simplemente humanos
TEMA 2. Un Cristo a la medida
TEMA 3. Razones para seguir
a Cristo
TEMA 4. Ser humanos en la oración
TEMA 5. Tú debes ser
el mensajero de Jesús |
| Fase
III: NUESTRO FUNDAMENTO - MISION |
TEMA
4. SER HERMANOS EN LA ORACIÓN
Objetivo:
Dimensionar la importancia de
la oración en la vida del cristiano y la vivencia
comunitaria como testimonio de fe.
Vivir en comunidad
Dios es la fuente de toda la vida,
nuestra vida está cimentada y construida en
Él, sin Dios no seríamos capaces de
vivir en comunidad. Para vivir en comunidad es necesario
reconocer que Dios ha dotado a cada uno y cada una
con talentos, habilidades y capacidades diferentes,
y si lo ha hecho así es porque sabe que somos
partes de un todo, que se complementan y tienen sentido
si permanecen unidas por el amor al Padre:
Porque de la manera que en un
cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los
miembros tienen la misma función, así
nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo,
y todos miembros los unos de los otros.
De manera que teniendo diferentes dones, según
la gracia que nos es dada.
Romanos 12, 4 – 6ª
Cuando hombres y mujeres se unen
solidariamente renunciando a todo egoísmo,
aislamiento o privilegio, su alianza es señal
de unidad, testimonio del amor de Dios y del poder
de su Reino. Vivir en comunidad es aplicar los valores
cristianos, en especial la solidaridad, el respeto,
y la tolerancia, para obrar por el bien común.
Todo afán de crear una comunidad basados en
principios diferentes termina en fracaso; la vida
en comunidad no es posible si ese espíritu
no lo abarca todo, nos otorga una espiritualidad mas
profunda, y al mismo tiempo nos habilita, para vivir
intensamente en la unidad del amor.
Y la multitud de los que habían
creído eran de un corazón y un alma;
y ninguno decía ser suyo propio nada, de lo
que poseía, sino que tenían todas las
cosas en común.
Hechos 4, 32
El secreto de la vida en comunidad
reside en la libertad de autodeterminación,
de cada persona, es decir, en la libre decisión
personal que toma cada miembro de entregarse del todo
para todo y al mismo tiempo ejercer su propia voluntad
para el bien. Esta libertad sin la cual la vida en
común no es posible, consiste en una comunidad
donde hombres y mujeres están animados por
una profunda inquietud y fe en el Espíritu
.
La labor de la comunidad adopta formas
diversas que representan, todas ellas, abundancia
en la riqueza de Espíritu. La vida en comunidad
significa disciplina en comunidad, educación
en comunidad y entrenamiento continuo en el discipulado
de Cristo .
Les ruego, pues, hermanos, por
el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que
hablen todos una misma cosa, y que no haya entre ustedes
divisiones, sino que estén perfectamente unidos
en una misma mente y en un mismo parecer.
1 Corintios 1, 10
Las
primeras comunidades cristianas
Las primeras comunidades estaban
integradas por cientos de fieles unidos por el mensaje
de amor de Jesucristo; las características
de esa vida en común unidad provenían
del Espíritu, de la concepción de la
vida como un todo indivisible. Los primeros cristianos
lo poseían todo en común, su amor era
plan y generoso y no excluía a nadie, hallaron
por la fe y el amor la manera de ayudarse mutuamente
y superar las diferencias que humanamente surgieran:
Todos los que habían creído
estaban juntos, y tenían en común todas
las cosas; y vendían sus propiedades y sus
bienes, y los repartían a todos según
la necesidad de cada uno.
Y perseverando unánimes cada día en
el templo, y partiendo el pan en las casa, comían
juntos con alegría y sencillez de corazón,
alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo.
Y el Señor añadía cada día
a la iglesia los que habían de ser salvos.
Hechos 2, 44 - 47
Los primeros cristianos sabían
orar conjuntamente, sabían que todos eran miembros
del cuerpo de Cristo, y trascendían, no se
conformaban con una vida material juntos, sabían
que el Reino del que su Maestro hablaba era espiritual,
y por eso, también permanecían unidos
en el amor, en la fe y en la oración, con sinceridad
de corazón.
Ámense sinceramente unos a
otros. Aborrezcan lo malo y apéguense a lo
bueno. Ámense como hermanos los unos a los
otros, dándose preferencia y respetándose
mutuamente.
Esfuércense, no sean perezosos
y sirvan al Señor con corazón ferviente.
Vivan alegres por la esperanza que tienen; soporten
con valor los sufrimientos; no dejen nunca de orar.
Hagan suyas la necesidades del pueblo santo; reciban
bien a quienes los visitan. Bendigan a quienes los
persiguen. Bendíganlos y no los maldigan. Alégrense
con los que están alegres y lloren con los
que lloran.
Vivan en armonía unos con
otros. No sean orgullosos, sino pónganse al
nivel de los humildes. No presuman de sabios.
No paguen a nadie mal por mal.
Procuren hacer lo bueno delante de todos. Hasta donde
dependa de ustedes, hagan cuanto puedan por vivir
en paz con otros.
Rom. 12, 9 – 18
Alababan a Dios entregando totalmente
sus vidas: enfrentaban juntos grandes peligros, daban
testimonio con una vida intachable, anunciaban el
mensaje de salvación, sabían cumplir
la voluntad de Dios y juntaban sus corazones y sus
voces para orarle al Padre.
¿Qué
es orar?
La oración es la comunicación
con Dios. Esta relación con Dios es la forma
que nuestro Padre Celestial ha provisto para que sus
hijos se comuniquen con Él. La oración
es esencial en la vida del cristiano. La fuente de
su vida espiritual es Dios en Cristo. El cristiano
que no utiliza las riquezas de la oración se
seca espiritualmente. El cristiano necesita poder
¿De dónde puede obtener ese poder? He
aquí la respuesta: “Fortaleceos en el
Señor y en el poder de su fuerza” (Efesios
6:10)
Jesús siempre se comunicó
con el Padre por medio de la oración. Él
nos dio ejemplo. (Mateo 26: 36-41)
Él nos enseñó
a orar, dirigiéndonos al Padre en su nombre.
(Juan 14:13-14)
Esta oración debe nacer
de nuestro corazón y con nuestras propias palabras.
(Mateo 6:7)
Hablarle a Dios debe ser algo que nazca desde lo más
profundo del corazón, y por eso debe surgir
como parte de esa comunión intima y personal
con Él. Lo que le digamos al Padre debe nacer
del amor y dirigirse al amor, debe ser como un manantial
que fluya del alma para hacernos sentir más
cerca de Dios; debe ser un producto de la fe y tendrá
efecto por esa misma fe:
Si mis palabras viven en ustedes,
pueden pedir lo que quieran a mi Padre, y se les dará.
Juan 15, 7
La fe y el amor deben ser los cimientos
y principales motivos de la oración, la oración
no debe provenir de motivos egoístas. Y al
orar debemos estar preparados para el resultado de
la súplica, porque cuando Dios obra lo hace
de formas inimaginables: la voluntad de Dios nadie
la entiende tu le pides lo que quiere y el te da lo
que necesitas, y no necesariamente es como lo pediste
pero siempre será mejor, porque Dios no se
equivoca.
Partes
de la oración
A. Confesión:
esto es pedir perdón por los pecados (1 Juan
1:9) y apartarse de ellos (Proverbios 28:13), para
poder acercarse limpio delante de Dios y que la oración
sea oída, Isaías 59:2
B. Alabanza y adoración: esto
es, acción de gracias por lo que Dios ha hecho
(salmo 100:4-5), exaltarlo por su grandeza, su majestuosidad
y su obra (Salmo 8:1-4)
C. Petición: suplicar la ayuda
de Dios en todas las necesidades. Dios nos autoriza
a hacerlo promete respuesta. (Jeremías 33:3;
Mateo 7:7-11)
D. Intercesión: orar por otros
hijos de Dios (Efesios 6:18-19), por obreros de su
obra (Mateo 9:38), por las autoridades y por aquellos
que no conocen a Cristo (1 Timoteo)
Es importante comenzar inmediatamente
a orar, dedicando un tiempo determinado diariamente
en comunión con nuestro Padre Celestial. Se
sugiere hacer un plan definido, para formar el hábito
de la oración.
Tal vez parezca que orar es algo
complicado, pero solo se trata de hablar con Dios.
Estas sugerencias podrían ser útiles:
- Puedes alabarlo por lo que Él es: El creador
y sustentador del universo que aun así se
interesa por cada uno de nosotros.
- Puedes agradecerle por todo lo que ha hecho,
lo que hace y lo que ha prometido hacer por usted.
- Puedes reconocer delante de Él aquellas
cosas que usted hizo, dijo o pensó y de las
cuales se arrepiente. Dios nos dice que quiere y
puede perdonarnos nuestros pecados (1 Juan 1:9).
- Puedes orar por su familia. Tenemos un compromiso
especial de orar por quienes están cerca
de nosotros.
- Puedes orar por otros: amigos o vecinos que tienen
necesidades tanto físicas como espirituales.
- Puedes orar por usted mismo. Pídele a
Dios que te guíe en todo el acontecer del
nuevo día. Pídele que te ayude a resolver
algún problema que tengas. Pídele
que prepare oportunidades en las en las que puedas
servirlo.
La oración
da una fuerza insospechada
Jesús el Mesías, le
hablaba a su Padre de una forma íntima y cariñosa,
le llama Abba (papá o papito), demostrando
confianza y cercanía, mismas que deberían
poseer todos los cristianos, pues todos somos sus
hijos:
Porque todos los que son guiados
por el Espíritu de Dios, estos son hijos de
dios.
El Espíritu da testimonio a nuestro espíritu,
de que somos hijos de Dios.
Romanos 8, 14 y 16
Y sabemos que a los que aman a
Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es,
a los que conforme a su propósito son llamados.
Porque a los que antes conoció, también
los predestinó para que fuesen hechos conforme
a la imagen de su Hijo, para que él sea el
primogénito entre muchos hermanos.
Romanos 8, 28 – 29
Aquí se evidencia que Jesús
se ha convertido en un verdadero hombre, y su humanidad
se expresa en el temor, dolor, la sensación
de separación, sin embargo, es el nuevo hombre
que Dios quiere: obediente, humilde de corazón,
confiado en su Padre, dispuesto a cumplir con su voluntad
aun cuando esta difiera de la suya. Y en los momentos
de mayor aflicción es cuando precisamente Él
se abandona en las manos de su Padre y eleva una plegaria
al cielo, para tomar fuerzas y cumplir con la voluntad
de Dios.
Jesús nos dice a nosotros
y a sus discípulos: ustedes también
necesitan urgentemente de la oración, tú
mismo eres demasiado débil para soportar la
condición de ser cristiano verdaderamente.
Por eso, es necesario que te unas en oración
a la fuente de la fuerza divina. Si no, has de caer
en el momento de la tentación . Solo con una
oración sentida y verdadera tendremos la fuerza
que se necesita para soportar las pruebas y batallas
que tienen que librar constantemente los cristianos.
Cómo debemos
orar
La oración se guía
por los siguientes principios:
- La oración no es falso espectáculo,
entra en tu corazón: es mi secreto para con
Dios. Cuando ustedes recen, no imiten a los que
dan espectáculo; les gusta orar de pie en
las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para
que la gente los vea. Yo se lo digo: ellos han recibido
ya su premio. Pero tú cuando reces entra
en tu pieza, cierra la puerta y ora a tu Padre que
está allí, a solas contigo (Mateo
6, 5 – 6).
- La oración se realiza con sencillez, en
mis palabras, como hablando con mi mejor amigo o
amiga eso si con mucho respeto. Cuando pidan a Dios,
no imiten a los paganos con sus letanías
interminables: ellos creen que un bombardeo de palabras
hará que los oiga. (Mateo 6, 7).
- Ese dialogo entre el padre y nosotros esta enmarcado
en la confianza y la honestidad, estando seguros
que nuestro padre nos escucha y El me conoce mejor
que ni yo mismo. No hagan como ellos, pues antes
de que ustedes pidan, su Padre ya sabe lo que necesitan.
(Mateo 6, 8)
La perfecta oración es aquella
en la que nos reconocemos como hermanos en Cristo:
Padre nuestro que estás
en los cielos, santificado sea tu nombre.
Venga tu Reino. Hágase tu voluntad, como en
el cielo, así también en la tierra.
El pan nuestro de cada día, dánoslo
hoy.
Y perdónanos nuestras deudas, como también
nosotros perdonamos a nuestros deudores.
Y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos
del mal;
Porque tuyo es el Reino, y el poder, y la gloria,
por todos los siglos. Amén.
Mateo 6, 9 – 13
Sin embargo, lo más importante
es dedicar cada día un momento para encontrarnos
a solas con nuestro Padre: comenzar el día
de la mano de Él, y concluirlo dándole
gracias por los favores recibidos durante el día,
pidiendo perdón y haciendo un firme propósito
de enmendar los errores cometidos. Hagamos caso a
las palabras de Mahoma :
Haz oración de rodillas. Ora
de pie,
Ora acostado, Ora sentado.
De noche o de día…
Pero haz oración
No olvidemos que Dios escucha y atiende
aun el más pequeño de nuestros intentos,
en Él que conoce nuestro ser y que nos ama
con amor infinitamente misericordioso tendrán
eco nuestras palabras. Pero Dios no quiere que estemos
solos, es su deseo que nos unamos a nuestros hermanos
en oración y de esta manera nuestras suplicas
serán escuchadas.
Otra vez les digo, que si dos de ustedes se pusieran
de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que
me pidieran, les será hecho por mi Padre que
está en los cielos. Porque donde dos o tres
se reúnen en mi nombre, allí estoy yo
en medio de ellos.
Mateo 18, 19 - 20
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