
Temas
TEMA
1. Simplemente humanos
TEMA 2. Un Cristo a la medida
TEMA 3. Razones para seguir
a Cristo
TEMA 4. Ser humanos en la oración
TEMA 5. Tú debes ser
el mensajero de Jesús |
| Fase
III: NUESTRO FUNDAMENTO - MISION |
TEMA
5. TÚ DEBES SER EL MENSAJERO DE JESÚS
Objetivo:
Identificar en la Misión
de la ACJ el principio evangélico que inspiró
a los apóstoles.
Nacimos para algo
más
Hace un par de meses buscando el
regalo ideal para una amiga, me encontré con
un regalo de Dios para mí y como Dios actúa
de formas insospechadas, creo que lo hizo para que
pudiera llegar también a tus manos, la oración
de Jabes:
Y Jabes fue más ilustre que
sus hermanos, y su madre lo llamó Jabes, diciendo:
Porque lo di a luz con dolor. Jabes invocó
al Dios de Israel diciendo: ¡Oh, si en verdad
me bendijeras, ensancharas mi territorio, y tu mano
estuviera conmigo y me guardaras del mal para que
no me causara dolor! Y Dios le concedió lo
que pidió
1 Crónicas 4, 9 - 10
En esta oración pueden identificarse
varios aspectos, Jabes (condenado desde el nacimiento
a una vida de dolor a causa de su nombre), se entregó
a la voluntad de Dios y se atrevió a realizar
4 peticiones: (1) un milagro sobrenatural, una bendición;
(2) que ampliara sus fronteras y le diera una vida
mejor y más grande; (3) que el poder y el amor
de Dios lo acompañara y le diera fortaleza;
(4) por último, que lo alejara al mal y no
lo dejara caer en tentación, para que él
pudiera cumplir siempre con la voluntad de Dios. Y
Dios le concedió lo que Jabes le pidió,
porque esta oración fue sincera y porque Jabes
sabía que Dios siempre quiere algo mas para
nosotros.
Tu también naciste para algo
mas, por eso haces parte de la familia ACJ y por eso
desempeñas en tu vida el rol que tienes hoy
(estudiante, abogado, médico, músico…),
porque Dios quiere que hagas grandes cosas para Él,
por eso cada día aumenta tus oportunidades
y tu influencia para que tu toques mas vidas y las
acerques a Él. Pero quiere que nosotros estemos
dispuestos a recibir todo lo que Él quiere
darnos y hacer a través de nosotros , por eso
si decidimos aceptar a Cristo en nuestra vida debemos
al igual que Jabes orar para que Dios nos otorgue
lo necesario para cumplir con nuestra Misión.
Extender el Reino
de Dios
Si observas la Misión de nuestro
movimiento, notarás que inicialmente ya has
aceptado un reto importante para Dios: Extender su
Reino. Y esta Misión significa tener un encuentro
personal con Cristo, aceptación y cumplimiento
de su Palabra, y por lo tanto una afirmación
de la identidad cristiana, una declaración
de fe y compromiso vivo, un llamado para dar testimonio,
anunciar la Buena Nueva de Jesús y llamar a
la unidad de los hermanos,.
Pero, ¿Qué significa
“Extender el Reino de Dios”?, significa
preparar el terreno para que la semilla de la Palabra
germine. El Reino de Dios es donde Él mismo
es amo y señor; donde se hace su voluntad y
se vive su palabra; donde hombres y mujeres se encuentran
con Jesús, deciden de corazón seguirlo
y comprometerse con Él y su evangelio; donde
todos viven en común unidad para la gloria
del Padre. (Ver Mateo 13, 24 – 52).
En otras palabras, “Extender
el Reino de Dios”, significa que siempre que
podamos contribuir a que una situación mejore
o un problema o conflicto se resuelva debemos hacerlo,
porque la responsabilidad de hacer de este mundo un
mejor lugar para vivir es de todos; el mayor compromiso
debe asumirse por nuestra condición de hijos
del Padre; debemos ser testimonios de Jesucristo y
ser los obreros que Él necesita para la extensión
de su Reino a través de la ayuda a nuestros
hermanos.
Un llamado celestial:
Id y haced discípulos
Todos tenemos algo que guía
nuestras vidas. La mayoría de los diccionarios
definen el verbo guiar como “mover, conducir
o empujar”. Sea que conduzcas un automóvil,
martilles un clavo o lances una pelota, eres tú
quien guía, empuja o mueve ese objeto en ese
instante. Ese es el llamado de Dios:
Antes de que te formaras en el vientre
te conocí, y antes de que nacieras te santifiqué,
te di por profeta a las naciones.
(Jeremías 1, 5).
A muchos los guía la culpa,
la ira y el resentimiento, el temor, el materialismo
o las expectativas de los demás. Somos el resultado
de nuestro pasado, pero no tenemos que ser prisioneros
del mismo. El propósito de Dios no está
sujeto a tu pasado. Dios, que convirtió a un
asesino llamado Moisés en un líder y
a un cobarde llamado Gedeón en un héroe
valiente, también puede hacer cosas increíbles
con el resto de vida. Hay cinco grandes beneficios
de vivir una vida con propósito:
Conocer tu propósito da sentido
a tu vida.
Conocer tu propósito simplifica tu vida.
Conocer tu propósito enfoca tu vida.
Conocer tu propósito estimula tu vida, y…
Conocer tu propósito te prepara para la eternidad.
El llamado que sientes, que te impulsa
y que le da un propósito a tu vida, no es nada
menos que un mandato de Dios:
Después de éstas
cosas, designó el Señor también
a otros setenta, a quienes envió de dos en
dos delante de Él a toda ciudad y lugar a donde
Él había de ir. Y les decía:
la mies a la verdad es mucha, más los obreros
pocos; por lo tanto, rueguen al Señor de la
mies que envíe obreros a su mies. Id.
(Lucas 10, 1 – 2).
Y dijo: Id por todo el mundo y predicad el Evangelio
a toda criatura.
Marcos 16, 15
Dios te llamó a ti especialmente,
y quiere que le sirvas ahora, que seas un obrero para
su mies; y no quiere que lo dejes para después,
quiere que aproveches la energía, la vitalidad
y la alegría de tu juventud para esta tarea.
Él quiere que tengas una nueva vida para Él:
Y acercándose, tocó
el féretro; y los que lo llevaban se detuvieron.
Y dijo: Joven, a ti te digo, levántate.
(Lucas 7, 14)
Y como es un Padre que te conoce
y sabe lo que implica servirle a él, las dificultades,
las pruebas, los temores a los que tendrás
que enfrentarte, se compromete contigo a acompañarte
y darte la fuerza que tu necesitas:
Y el Señor me dijo: No
temas porque eres joven, porque a todo lo que te envíe
tú irás, y dirás todo lo que
te mande. No temas delante de ellos, porque yo estoy
contigo. (Jeremías 1, 7 -8)
Pero además te dotó
de talentos, dones, capacidades, valores, cualidades,
para que puedas actuar como sus manos y ser su voz
para tus hermanos, y aunque parezca algunas veces
que no es suficiente, Dios nunca te va a pedir que
realices algo que no puedas hacer:
Aquí este joven, tiene
cinco panes de cebada y dos peces; mas ¿Qué
es esto para tantos? (Juan 6, 9)
Así es que ahora es tu decisión,
(Como siempre lo ha sido).Todos queremos que se nos
recuerde después de muertos. Pero al final
lo más importante no es lo que otros digan
de tu vida, sino lo que Dios diga. Cuando Dios te
pregunte: “¿Qué hiciste como mi
hijo Jesucristo? Y ¿Qué hiciste con
lo que te entregué?” ¿Cómo
responderás?
Cuatro claves para llevar a cabo la misión
de Dios en el mundo
1. “Cada uno debe agradar al
prójimo para su bien, con el fin de edificarlo”.
Romanos 15, 2
2. “Por eso también
puede salvar por completo a los que por medio de él
se acercan a Dios, ya que vive siempre para interceder
por ellos”. Hebreos 7, 25
3. “Entonces el Señor
respondió: ‘Ve por los caminos y las
veredas, y oblígalos a entrar para que llene
mi casa”. Lucas 14, 23
4. “El Señor no tarda
en cumplir su promesa, según entienden algunos
la tardanza. Más bien. Él tiene paciencia
con ustedes, porque no quiere que nadie perezca sino
que todos se arrepientan”. 2 Pedro 3, 9
Para qué difundir la Palabra de Dios
Difundir la Palabra de Dios no significa
que los cristianos esperen que se les busque y se
les pregunte. Significa, claramente, que ellos deben
ir a otros hombres y mujeres y, por su iniciativa,
deben orientar el dialogo hacia Jesús. Hablar
de Jesús no depende de la locuacidad de las
personas aludidas, se trata simplemente de obediencia
al encargo de Jesús: “vayan y prediquen.
Este encargo no les corresponde solamente a unos elegidos
sino a todos los creyentes .
Predicar o anunciar la Palabra, es
la manera en la que los creyentes invitamos a otros
a que conozcan a Jesús y a que lo sigan. Pero
esta tarea especial no debe hacerse de cualquier manera,
se requiere del empleo de estrategias que hagan atractiva,
animada y eficaz la manera en la que invitamos a otros
a conocer al Padre, y este anuncio debe estar acompañado
de un estilo de vida acorde al mensaje que anunciamos.
Por medio de Jesucristo recibí
el privilegio de ser apóstol, puesto a su servicio,
para que en todas las naciones haya quienes crean
en Él y le obedezcan. Entre ellos están
también ustedes, que viven en Roma. Dios los
ama y los ha llamado a ser de Jesucristo y a formar
parte del pueblo santo. Que Dios nuestro Padre y el
Señor Jesucristo derramen su gracia y su paz
sobre ustedes.
Romanos 1, 5 – 7
¿Cuál es la mejor forma
de predicar? Quien viva con Jesús debe tomar
sobre sí la responsabilidad de sus decisiones
y debe confesar a otros su fe, ser discípulo
de Jesús no es un asunto privado. La fe debe
confirmarse en la vida con los demás, en el
mundo que nos rodea (en la familia, con los amigos,
en la escuela, en el trabajo) .
Entonces, ¿Para qué
anunciar la palabra de Dios?, para dar testimonio
de nuestra fe, para dar a conocer la Buena nueva de
Jesucristo a todas y todos, para animar a otros a
que se acerquen al Padre y lo conozcan, para que el
mundo crea:
Como Tú me enviaste al
mundo, así yo los he enviado al mundo. Y por
ellos yo me santifico a mi mismo, para que también
ellos sean santificados en la verdad. Más no
ruego solamente por estos, sino también por
los que han de creer en mí por la Palabra de
ellos.
Juan 17, 18 – 20
Evangelizar
ecuménicamente
El mundo en que vivimos está
dividido, y lamentablemente el pueblo de Dios también
está dividido. Por ello Jesús nos hace
un llamado a la unidad, ora por la unidad de su pueblo:
Que todos sean uno; como Tú,
oh padre, en mí, y yo en ti, para que también
sean ellos uno en nosotros; para que el mundo crea
que Tú me enviaste.
La gloria que me diste, yo les he dado, para que
sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en
ellos y Tú en mi, para que sean perfectos en
unidad, para que el mundo conozca que tu me enviaste,
y que los has amado a ellos como también a
mi me has amado.
Juan 17, 20 – 23
Dios a través de su Hijo,
nos otorga el don de la unidad – como acción
del Espíritu -, y es por la acción de
este Espíritu que se produce un acercamiento
de los hermanos, y por ello que en la fe como hermanos
en Cristo encontramos un tronco común. Justamente,
la ACJ influyó positivamente en la celebración
de la Conferencia Misionera Mundial de Edimburgo (1910),
y con ello, en el terreno ecuménico. No es
ninguna casualidad que grandes pioneros del ecumenismo
hayan militado en la ACJ: John Mott, W. A. Visser’t
Hooft, V. S. Asaría, Henry Dunant, entre otros.
Sigamos pues, el ejemplo de estos hermanos, para cumplir
con el llamado que el Padre nos hace para anunciar
el Evangelio y hacerlo, desde la unidad de la fe,
haciendo caso omiso a posibles diferencias eclesiales.
Ahora en Cristo Jesús,
ustedes que en otro tiempo estaban lejos, han sido
hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque Él
es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando
la pared intermedia de la separación, aboliendo
en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos
expresados en ordenanzas, para crear en sí
mismo de los dos uno solo y un nuevo hombre, haciendo
la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a
ambos en un solo cuerpo.
Efesios 2, 14 – 16a
En el fondo lo que rompe la unidad
de los cristianos es la falta de amor, humildad, mansedumbre
y paciencia para con el otro. Desde nuestro papel
como voluntarios y comprometidos con nuestra Misión,
unámonos en Cristo para proclamar juntos el
Evangelio y tal como lo dice Pablo en Efesios 4, 1
– 3: “andar como es digno de la vocación
a la que fuimos llamados, con humildad y mansedumbre,
aceptándonos con amor, prestos siempre a guardar
la unidad del Espíritu en el vínculo
de la paz.
En la ACJ vivimos como hermanos en
la fraternidad, comprometidos con la tarea que el
Señor nos ha encargado de propiciar la unidad
del pueblo de Dios y de extender su Reino entre los
hombres y mujeres jóvenes, para acercarnos
mas con aquellos que como nosotros reconocen a Jesús
como Señor y Salvador.
Concluyamos este módulo con
una oración que se encuentra en el Libro de
Oración Común de la Iglesia Anglicana:
"Oh Dios, Padre de nuestro
Señor Jesucristo, nuestro único Salvador,
el Príncipe de paz, danos gracia para que de
corazón consideremos seriamente los grandes
peligros en que nos hallamos por nuestras desdichadas
divisiones. Aparta de nosotros todo odio y prejuicio,
y cuanto pudiera impedir una santa unión y
concordia, para que así como no hay más
que un Cuerpo y un Espíritu, una esperanza
de nuestra vocación, un Señor, una fe,
un Bautismo, un Dios y Padre de todos, así
seamos todos de un corazón y un alma, unidos
en vínculo sagrado de verdad y paz, de fe y
caridad, y con una mente y una voz te glorifiquemos,
por Jesucristo nuestro Señor. Amén”
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