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Pasantía en YMCA Mocoa, una experiencia llena de sentimientos

Un año después de la impactante tragedia que enlutó a los habitantes mocoanos,tuve la oportunidad de una increíble pasantía que me ha llenado de reconfortantes sentimientos, al darme cuenta que soy parte de un proceso que no solo ayuda, sino que transforma vidas, familias enteras.

Mi nombre es María Alejandra Montealegre, tengo 19 años y soy orgullosamente voluntaria de la ACJ-YMCA Risaralda. En cuanto entre sentí que había encontrado un lugar donde sentirme bien, donde pude desarrollar ciertas habilidades en diferentes ámbitos gracias a la ayuda de increíbles personas que están allí en ese lugar tan lindo que es Pereira .

Desde que llegué a Mocoa, me encontré con un espacio muy familiar, la gente de aquí es muy agradecida con todo lo que los demás podemos hacer por ellos , desde sacar una sonrisa, echar una broma , hasta dar un abrazo, ellos lo agradecen y eso hace parte de esas gratificantes y valiosas recompensas que no solo guardas en tu memoria por un instante si no que queda allí para siempre.

En Mocoa trabajé con grupos de niños de primaria en un colegio de una comunidad indígena llamada INGA, quienes tras la avalancha se vieron afectados por pérdidas materiales como perdidas familiares. Con Manuel, que es coordinador y equipo de trabajo aquí, contribuimos para hacer actividades sobre intercambio cultural y mitológico con ellos. Me causaba alegría, un sentimiento inexplicable, cada jornada me iba de allí llena de besos y abrazos que me daban los niños , sentía y pensaba yo, son almas tan hermosas e inocentes, pienso que los niños son personitas que pueden ver el mundo de otra manera porque para ellos es más fácil superar el dolor, superarlo todo y hacernos ver esas cosas tan simples a nosotros. Los niños son la alegría más inmensa que podemos tener.

Trabajar con los jóvenes fue muy bonito, pues cada tarde me llevaba a casa ese sentimiento de que les pude cultivar un poco de alegría o diferentes emociones a cada uno a pesar de que ellos día tras día deben superar por si mismos la pérdida de 34 de sus compañeros , no es fácil y aun así ellos cada mañana se levantan y , siguen adelante .

Con todas las actividades sentí que les podíamos sacar por un rato de su monotonía y sus demás pensamientos o preocupaciones, es lindo generar un cambio en alguien y ser tu mismo quien lo note.

En el colegio Ciudad Mocoa, donde se hace un trabajo especial en liderazgo con jóvenes , una de las participantes del grupo se me acerco y me dijo ’’gracias ,me alegra que vengan aquí, nos han ayudado mucho’’ o cosas más simples como ‘’ profe, cuando regresan?’’

Eso hace parte de las pequeñas pero gigantes cosas que me voy a llevar de este maravilloso lugar.

Doy gracias a la YMCA por hacerme parte de este enriquecedor proyecto y darme la oportunidad tan inmensa de lo que fue cambiar y transformar vidas en un lugar que hasta el día de hoy renace.

María Alejandra Montealegre